lunes, 4 de agosto de 2008

Está bien para tí

De por qué escribo menos

Lo que os voy a contar ahora es una historia basada en mi realidad actual, con personajes ficticios y un poco adornada pero tampoco creáis que tanto. Sí, como esas películas insoportables de las cuatro de la tarde en la que siempre hay alguien enfermo terminal o un juicio de por medio o ambas cosas a la vez. Películas como “No sin mi hija moribunda 3”, “Injustamente acusada: el retorno del fiscal impío” o “Un poco de médula para mi hijo”

Desde hace unos cuatro meses vuelvo a ser soltero, más o menos desde que dejé de escribir un artículo a la semana en este blog. Ya no tengo ganas, mala suerte, es un efecto secundario de mi nuevo estado.

Ingredientes

En fin, después de muchos años con una persona, ahora estoy en esa fase en la que por un lado no te apetece nada con nadie y por otro tienes a muchos amigos y amigas diciéndote una frase que aproximadamente suena así:

¡Oye! Pues yo tengo una amiga que está bien para ti.

Entonces es cuando sonrío levemente y lo agradezco. En serio, lo agradezco, está bien que tus amigos se preocupen por ti pero no puedo evitar que instantáneamente mi mente conteste:

Ya veré lo que tú crees que es bueno para mí, Lucrecio, ahora sabré lo que me valoras mamonazo - Cosa que nunca digo en voz alta, claro.

Pasados unos días llega el momento: una fiesta de cumpleaños, una cena con colegas... cualquier escusa vale. El caso es que ella va a estar allí. Alguien te avisa de ello con una amplia sonrisa en la cara:

Pues ¿sabes quien viene? ¡Rigoberta! - Y te guiñan un ojo mientras te lo dicen, o te dan un codazo si están cerca, o hacen cualquier otro tipo de aspavientos.

Como es natural, esa afirmación se hace en presencia de más gente con lo que padeces el cachondeo generalizado y se crea una expectación bastante difícil de soportar.

Y así llega el momento en el que tenemos todos los ingredientes: la persona en cuestión, una reunión y expectación por un tubo de la mayoría de tus amigos. Entonces empiezas a darle vueltas a la cabeza pensando que tal vez a ella le hayan dicho algo parecido y que como no haya un mínimo de química entre ambos, vamos, buen rollito al menos, la situación podría volverse un poco incómoda.

Encuentros en la tercera fase

Pero entonces llega Rigoberta y te das cuenta de por qué carajo se llama Rigoberta y no Sindy, mandas a la mierda el buen rollito y la química simplemente porque lo que ves llegar es un trol. Y lo reconozco: me enfado, sí, me enfado del copón porque sé que no soy Brad Pitt, tampoco soy un derroche de simpatía, etc. pero, joder Lucrecio, crees que un jodido trol es bueno para mí. No digo que sea un poco fea de cara, si así fuera lo podría compensar con un poco de conversación agradable. Digo que es un troll, que ni siquiera habla y que su risa me revienta los oídos como el chirrido de unas largas uñas intentando desgarrar una pizarra de escuela.

Mientras intento aplacar mi enfado y no dejar que se me note, no puedo evitar darle vueltas a la razón de esta situación, diciéndome a mi mismo:

Lucrecio, ¿es que me odias? ¿Te debo un montón de pasta y no me acuerdo? Tal vez hayas obrado de buena fe y tu gusto por las mujeres sea simplemente nauseabundo. Podría empezar a potar ahora y no parar hasta mañana. Y tío, mas vale que te vaya bien con tu pareja porque, si no, te traeré a alguien que también será muy buena para ti. Sí, secuestraré un mandril (hembra y en celo) del Bioparc, le pondré unos vaqueros del “Bresca”, una blusa chachi, chachi de Blanco, un bolso falso de Tous y cuando te descuides la tendrás sentada al lado tuyo el próximo día que vayamos a un chino a cenar. Supongo que sospecharás cuando veas como se come a toda velocidad los cacahuetes rancios del centro de la mesa pero que te den.

Tronco: tantos años de amistad echados por la borda. Tal vez cuando me dijiste que conocías a alguien que era buena para mí estabas bromeando pero has tenido al menos tres semanas para poner fin a la maldita broma y no lo has hecho. ¡Eres cruel tío!

Desde princesas a troles

Pero no desistáis. En el fondo valoro vuestros intentos y los agradezco. Estoy seguro de que entre las conocidas de todos mis amigos/as hay un amplio abanico que abarca desde princesas hasta troles y prometo portarme bien cuando conozca a la próxima (de hecho nadie notó mis arcadas en la ocasión que os estoy contando) . Sólo pido que sea una persona normal y que se pueda conversar con ella. ¡Ah! Y no me digáis eso de que "es buena para ti". Cambiad la frase por "te voy a presentar a una amiga" y yo ya decidiré lo que es bueno para mí.
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