domingo, 3 de febrero de 2008

La battalla de Atenas y el fiasco de Argos

Cuenta Roald Dahl en su libro "Volando sólo" como doce pilotos de Hurricane se enfrentaron a cientos de cazas de la Luftwaffe en la Batalla de Atenas. El era uno de ellos y parece que la única estrategia aquel 20 de Abril era mantenerse vivo, lejos de la balas de los Me-109 y Me-110.

Sorprendentemente ese día los británicos perdieron sólo cinco aviones frente a veintidós de los alemanes. Parece difícil de creer pero todo se debía a que el fuego que conseguían evitar los ingleses terminaba impactando en alguno de sus muchos perseguidores.

Después de este encuentro los siete restantes se dedicaron unos cuantos días simplemente a esconderse, o sea, a sobrevivir camuflados entre olivos y, a veces, viendo pasar a la Luftwaffe muy de cerca y sin poder hacer nada.

Finalmente estando ocultos en un aeródromo en Argos fueron descubiertos por un Me-110 y fue entonces cuando llegó una orden absurda de sus superiores: a pesar de que los siete pilotos calcularon que tenían poco menos de tres horas antes de ser atacados, se les ordenó despegar tres horas más tarde en una misión de escolta a un convoy. Los cálculos resultaron correctos y aquello fue el fin de la RAF en Grecia ya que se perdieron dos Hurricane abatidos en la maniobra de despegue y el resto fueron evacuados a Egipto.



¿Por qué cuento todo esto? Pues porque en el mundo de la "Ingeniería" del Software las analogías son muy socorridas y por su puesto nos entusiasman para desahogarnos.

Creo que muchos de nosotros somos algo parecido a los pilotos de la RAF ya que a veces uno o unos pocos desarrolladores se enfrentan a su propia Luftwaffe en forma de enorme proyecto mal planificado al que se combate a la heroica. Pero aún así, aunque el caos de Atenas se correspondería con la falta de rumbo y planificación e incluso con la falta de tener las ideas claras sobre el producto deseado por la parte del cliente, hay veces en que, asombrosamente, las cosas salen mejor de lo esperado.

En cuanto a lo de Argos, bueno, podrían haber cientos de ejemplos de decisiones incomprensibles pero una de las últimas que he vivido se podría relatar así en el contexto de la historia anterior.

Aquel día regresaba agotado al aeródromo donde nos ocultábamos, después de una misión de reconocimiento, dando gracias por volver a tocar tierra. No había caminado ni diez pasos desde mi Hurricane cuando vi que el jefe de escuadrilla se dirigía hacia mí. ¿Me pediría un informe verbal de mi salida? Hubiese sido un poco estúpido contarle algo que ya sabía:

"Mira, he volado todo lo bajo que podía para que no me viesen y cuando he llegado al punto asignado resulta que la conclusión es la de siempre: son muchísimos y por mi puedes decirle a Churchill que nuestros Hurricanes no tienen balas para todos, si al menos nos hubieran dado Spitfires ..."


Pero no pude ni terminar de pensar en lo que le iba a decir ya que de inmediato dijo:

- Tienes una misión. Lo siento, ya sé que esperabas comer algo y dormir un poco bajo el ala de tu avión pero hay que atacar al enemigo.

- ¿Has dicho atacar? pregunté incrédulo. Eso es imposible, absurdo. Son cientos y ni siquiera tenemos bombarderos aquí. ¿Quién lo ha decidido?

- No lo sé, no lo recuerdo. Se comentó en un briefing al que no te llamaron y se nos olvidó comentártelo.

- ¡Mierda! ¿Cómo me hacéis esto? ¿Cuál es el plan?

- El plan... ¡claro! Verás... se comentó por encima, no había nada claro. El caso es que tenías que haber atacado ayer y claro hoy me han preguntado por los resultados. Total, que tampoco se dijo nada concreto aquel día, así que tú despega, ametralla lo que puedas y si a caso, cuando vuelvas, comentamos los resultados. Yo les transmitiré todo y si no les parece bien, que nos digan como lo quieren y volvemos a hacerlo.

- ¿Qué volvemos a hacerlo? ¿Y eso te parece correcto? ¡No hay plan de ataque!

- Ya, pero lo que no puede ser es que nos pregunten por el ataque y no tengamos nada que decirles, así que ves despegando y ya hablamos.


Y así, ese día, volví a hacerme al aire y no sé como, horas mas tarde, estaba de vuelta. El resultado del ataque no merece comentario pero dos días mas tarde se volvió a acercar a mí y con total tranquilidad me dijo que finalmente aquella misión había sido totalmente innecesaria.


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